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Rareza de fauna y flora. Ya Vieja y Clavija demostró
que más de 50 variedades de plantas insulares no crecían
en ningún otro lugar del mundo. Y en ningún otro lugar
del mundo se emplea un "lenguaje de silbos" cómo el
que aún se practica en la Gomera, pero que antaño fue
también privilegio de palmeños y tinerfeños. En
el siglo XVI Francisco López de Gomara, soldado e historiador,
aquel que escribiera la Crónica de la conquista de México
por Hernán Cortés, decía de estas islas: "Los
escritores antiguos las llamaron Afortunadas y Beatas, teniéndolas
por tan sanas y tan abundantes de todas las cosas necesarias a la vida
humana, que sin trabajo ni cuidado -vivían los hombres en ellas
mucho tiempo". Verdadera lonja de lo maravilloso son estas Islas,
por lo que no debe sorprendernos que allí los espíritus
malignos, llamados "tiberenas" (Carmelo Lisón), se
manifiesten como apariciones de grandes perros lanudos, acompañados
a veces por pavas, gallinas, marranos y becerros. Al buen Capellán
Pedro Gomes de Escudero "muchas y muy frecuentes veces se le aparecía
el Demonio en forma de perro muy grande y lanudo de noche y día
y en otras varias formas que llamaban Tibisenas". Mu-cha afición
debió tomar el diablo a solazar-se por estas tierras, turista
aventajado, pues el citado López de Gomara hablando de los canarios
reseña: "Aparecíaseles mucho el diablo, padre de
la idolatría". ¿Guardan es-tas apariciones algún
punto de referencia con nuestro perro Pastor Garafiano?. Difícil
respuesta que mejor es dejar dormida en ese bazar de prodigios que son
los mitos. No obstante es curiosa la referencia, pues el contingente
de razas caninas canarias es de pelo corto, con excepción del
Pastor Garafiano.
A lo largo de siglos, Canarias ha sido la en-crucijada en que se besaban todos los cami-nos del orbe, el punto de confluencia de las rutas marinas que unían cuatro continentes: la vieja Europa y sus comerciantes Ingleses y Holandeses; África y su comercio de escla-vos; las especias que desde Asia, tras do-blar el Cabo de Buena Esperanza, llegaban para Europa en los barcos portugueses y la ruta de América, la tierra prometida, el conti-nente dorado. Todo proceso migratorio hu-mano conlleva un transporte de animales domésticos, característica que permitiría que desde temprana época arribasen al Archi-piélago un crecido número de éstos, lo que naturalmente favoreció la especial riqueza en razas autóctonas que muestran actual-mente las Islas. En un reciente trabajo de la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias se tipifica el origen de las razas autóctonas canarias en base a tres modelos distintos
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